¿Diversidad o Divergencia?

9 de noviembre de 2012

Andrés Cordovés – 9 de noviembre de 2012

Cada sociedad con el paso del tiempo va acumulando complejidades que tienen que ver con su dinámica humana, con el “surgimiento” de necesidades, aspiraciones, deseos, preferencias, que se van convirtiendo en derechos civiles para así garantizar la pluralidad, el respeto y la diversidad en el funcionamiento más óptimo del país; la tan proclamada “mayor suma de felicidad posible”.

Venezuela es hoy en día una de las sociedades más complejas por su configuración heterogénea, por su ordenación occidental y por sus esquemas y valores tan indefinibles; somos, sin lugar a dudas, una sociedad que carece de instituciones, por tanto, adolece del Estado, conformándonos con ser una especie de unidad distópica tropical en la que nada funciona perfectamente, pero todos parecemos creer que sí, porque aducimos con suma frecuencia: “así somos”.

Con ese estúpido argumento nos hemos creado grandes e increíbles leyendas y hemos construido un mundo de fantasías y arrogancia que ningún país puede superar, creo yo; esto solo puede tener como primera consecuencia, la acentuación de una maraña indeterminable de problemas que no permiten encontrar su raíz, por estar solapadas entre tanto cuento de camino.

Así, con esa flojera civil, hemos sido nosotros los que hemos perpetuado esta relación disfuncional y oprobiosa entre nosotros mismos; acentuando la disociación social que no constituye más que un problema, pues impide que de cualquier modo se de la tan ansiada emulsión que requerimos para comenzar a vernos como somos en realidad.

A todas estas, en medio de esta vorágine en la que todos somos víctimas y victimarios al mismo tiempo, ocurre un hecho preocupante, que no es el primero y seguramente no será el último, pero que, como de costumbre, o no es difundido con la urgencia debida o es convertido en un slogan de campaña para grupos de lucha que solo buscan, con la mejor intención, seguir mendigando la subsistencia.

Al hecho que quiero referirme es al ocurrido el 31 de octubre a ángelo Prado, un joven de 18 años que por sus preferencias sexuales fue víctima de un intento de homicidio en un evidente crimen de odio, suscitado en el estado Aragua y que hasta ahora no ha tenido la menor atención del pueblo que supuestamente está libre de ataduras morales y es aparentemente más tolerante que aquellos que llevaron a cabo semejante atrocidad.

El crimen es parte de la condición humana y los crímenes de odio siempre van a existir, pues en el mundo sobran cabezas desequilibradas y almas ingenuas; pero lo que me parece inaceptable es que la comunidad nacional no levante su voz ante tal hecho, cuando hay hasta quienes defienden a “Rosita” del bochorno de estar incursa en un escándalo de grandes proporciones; a veces suelo justificar esta apatía con el agravante que tiene la comunidad LGBTI venezolana, que simplemente sirve como una vitrina de exhibición de lo menos importante, a manera de circo, cuando las necesidades trascienden el show político y artístico que estos viven montando.

¿Cuándo vamos a ir más allá de tertulias? ¿Cuándo vamos a comprender que no se trata de predicarle al coro? ¿Acaso los hechos de Stonewall o las masivas protestas de San Francisco no dieron excelentes resultados? ¿Quién dijo que la lucha por los derechos de las minorías excluidas podía o debía ser pacífica? ¿Acaso no es el boicot una forma de presión social? ¿Acaso no hay gente inteligente entre la población LGBTI, que además se ufana de, supuestamente serlo, por encima del promedio?.

No son preguntas que necesite que me respondan, son preguntas que necesitas tú responder, que necesitamos comprender para cerrar la brecha entre la politiquería que nos consume como país y entonces emprender una justa, proporcionada, inteligente, planificada, ordenada, lucha, conjunta, común, integrada, por los derechos LGBTI. Una serie de políticas públicas que no sean material de estudio en las universidades, que no sean panfletos en las tertulias, que no sean correos electrónicos inservibles, ni se queden en este tipo de quejas que hoy hago responsablemente, quiero emprender políticas públicas sin mendigar la subsistencia, como hago mi trabajo todos los días, como vivo mi vida en pareja a diario, como expreso mis ideas en este y otros medios, quiero una organización seria, responsable, respetuosa, concurrente, decidida, a no pertenecer, sino a SER; no hay razón para no hacerlo ni justificación que nos permita excusarnos de haber perdido tanto tiempo y ver cómo se agrava la situación para aquellos que son vulnerables.

Una fuente de reflexión es un caso como el terrible caso de ángelo, que hoy es la víctima; mañana puedo ser yo o tú.

Y a la comunidad que supuestamente tolera, exijo un paso adelante, acepten. La diversidad sexual también incluye a los heterosexuales, la diversidad sexual es la libre elección que tiene una persona, humana, de amar. El que fomenta el odio es perjudicial, pero el que es indiferente, lo es aún más.

Andrés Cordovés
9 de noviembre de 2012

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