Educar en la diversidad: una urgencia para Venezuela

29 de diciembre de 2015

“Si nos acercamos un poco a la realidad educativa venezolana, a la dinámica de sus aulas de clase para dialogar con los directores y maestros, encontramos que Venezuela carece de una profunda y verdadera educación en sexualidad, en cultura del sexo y en programas formativos para la diferencia y la diversidad sexual” explica Manuel Yépez, […]

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“Si nos acercamos un poco a la realidad educativa venezolana, a la dinámica de sus aulas de clase para dialogar con los directores y maestros, encontramos que Venezuela carece de una profunda y verdadera educación en sexualidad, en cultura del sexo y en programas formativos para la diferencia y la diversidad sexual” explica Manuel Yépez, licenciado en Filosofía y estudiante de Comunicación Social.

Por ello -considera- se hace necesaria una pronta modificación de los planes de estudio que desarrolla la nación en todos sus niveles, pues de otro modo el país seguirá moviéndose bajo los esquemas del estereotipo de género, el androcentrismo y el heterosexismo que articulan y ejercen el sistema de discriminación y homofobia hacia el colectivo LGBTI (Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transgéneros, Transexuales e Intersexuales).

Para Tamara Adrián, abogada y activista por los derechos del colectivo LGBTI, “somos el único país de la región, junto con República Dominicana, que no ha cumplido la meta del milenio. Nosotros no tenemos planes de salud sexual y reproductiva, tampoco planes nacionales de lucha contra la homofobia, ni planes de formación para la lucha contra el VIH. Es como si hubiésemos vuelto dentro de todo este periodo generalizado a niveles anteriores al siglo XIX y nos hubiésemos deteriorado en todo”.

De ahí que la sociedad deba alertarse, articularse y movilizarse para que el Estado le garantice una educación de calidad, pues de no ser así la carencia de estos planes y los pocos avances de Venezuela en materia de educación en sexualidad, seguirá deteriorando progresivamente la salud de los y las venezolanas y con ello su calidad de vida, especifica Yépez.

A saber

Jossie Rojas, directora de la escuela Rafael Álvarez, en Táriba, municipio Cárdenas, ilustra los planteamientos de Adrián cuando, al hablar de los niños(as) de la escuela que ella dirige, comenta: “nosotros con los niños no hablamos de temas de la diversidad sexual, nosotros le hablamos exclusivamente de las partes del cuerpo, hombre y mujer y nada más, porque nosotros nos regimos por unos lineamientos que emana el Ministerio del Poder Popular para la Educación (MPPE) y hasta ahora, lineamientos distintos a los de educación sexual no nos han llegado”.

La docente explica que “la única forma para que nosotros hablemos de la diversidad sexual depende de dos elementos: el primero es que nos bajen lineamientos desde el ministerio, y eso solo ocurre si dentro del índice epidemiológico, o dentro de la estrategia que se maneja de información, surge una data que registre que eso (el matrimonio igualitario, las familias homoparentales) está pasando o que ha pasado, ahí sí se hablaría. El segundo es que determinemos mediante el PEIC (Proyecto Integral Comunitario) que se elabora con los niños y las niñas dentro de las aulas, que ellos verdaderamente requieren de esa información porque manifiestan alguna inquietud. Pero mientras eso no pase no podemos trabajar directamente con esos temas” así sostiene Rojas, sentada frente a su escritorio, con la algarabía típica de los recesos escolares al fondo y con la firme convicción de que los niños y niñas no ameritan de esta formación”.

Esta realidad pone en evidencia que en Venezuela la educación no es vista como un medio para generar conciencia en materia de diversidad sexual; pues Jossie Rojas, además de demostrar que no hay programas de formación en sexualidad en la educación venezolana, reconoció que la diversidad sexual no es un tópico de relevancia para el crecimiento integral y cognitivo de los niños y las niñas, y en consecuencia, sigue invisibilizado, se desconoce y se niega su existencia dentro de la sociedad, señala Manuel Yépez.

Al margen de esto Carlos Colina, sociólogo, comunicólogo y profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV), valora la urgencia que tiene el país por educarse en la diversidad e invita a la consolidación de “programas educativos en ciudadanía plural que permitan la aceptación de las diferencias, de que somos iguales y diferentes en todos los niveles, y que abarquen un impacto global que involucre escuelas, liceos, colegios y universidades”.

Sin dejar atrás la formación de los docentes, pues como el mismo Colina dice “de nada sirve modificar un currículo y dejar a los maestros con la misma formación, eso distorsionaría todo”

La universidad

Adicionalmente, vale preguntarse si en ese afán por reestructurar la educación venezolana en pro de la diversidad sexual y las perspectivas de género, las universidades también ameritan una modificación, pues allí Quiteria Franco -representante oficial de la Asociación Civil Unión Afirmativa de Venezuela y docente universitaria- sugiere: “al igual que las escuelas las universidades también requieren un cambio. Nosotros estamos ante un trabajo de formación y educación ¿pero por qué hay que educar a los adultos? Porque aún hay muchos de ellos que validan la homosexualidad como una enfermedad contagiosa, como un pecado y ese paradigma hay que cambiarlo y la universidad es crucial para ello”.

Se pregunta que una vez finalizada la universidad, ¿a dónde van estos ciudadanos y ciudadanas formados bajo patrones heterosexuales? “A convertirse en los nuevos profesionales que llevarán las riendas de la nación y, si no están formados adecuadamente para aceptar la diversidad que caracteriza a los grupos humanos, terminarán haciendo eco de actitudes discriminatorias y homofóbicas contra el colectivo LGBTI”.

“Recientemente –puntualiza Franco- salió un estudio que propone una lista de carreras claves para ir modificando la actitud de los profesionales con relación a la orientación sexual e identidad de género, e incluye carreras como: sociología, derecho, educación y periodismo. Entonces, teniendo eso, ¿cómo no pensar en modificar la universidad?”, sería realmente absurdo, la verdad.

¿Y el hogar qué?

Ya por último, pero no menos importante, hay que hacer un aporte extra y validar las premisas de la psicóloga Elena Hernáiz y la docente y activista de los derechos humanos Ana Margarita Rojas, ambas de la Fundación Reflejos de Venezuela y activistas por los derechos de la comunidad LGBTI quienes sostienen (sin afán de eximir a las instituciones educativas de su responsabilidad en el tema) que el rol de educar en la diversidad no es exclusivamente una labor de las escuelas y las universidades, sino que por el contrario, el hogar tiene su responsabilidad por ser la primera institución educativa de todo ser humano.

(Manuel Yépez – estudiante de Comunicación Social en la ULA Táchira – Diario La Nación)

http://www.lanacionweb.com/reportajes-y-especiales/educar-en-la-diversidad-una-urgencia-para-venezuela/

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