Estereotipos y discriminación

16 de marzo de 2017

En el caso de los matrimonios interraciales son innumerables los anécdotas en los que las personas presumen que los hijos blancos de las mujeres de color no son suyos sino de los patrones.

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Noticias LGBT

Por: Arlene B. Tickner

Pese a la insistencia de las organizaciones feministas en Corea del Sur de que la presidenta Park Geun-hye fuera removida de su cargo por corrupta y que la decisión del legislativo y la Corte Constitucional no tiene trasfondo de género alguno (a diferencia del caso de Dilma Rousseff en Brasil), el temor de que su salida del poder termine confirmando el sesgo patriarcal de que las mujeres son incompetentes para asumir cargos de liderazgo y que su lugar sigue siendo el hogar no es infundado, sobre todo en un país que puntea por lo bajo en todos los índices globales de igualdad de género.

Mientras que las feministas combatían ese estereotipo, la entrevista de la BBC con el profesor de Relaciones Internacionales Robert Kelly, sobre la situación política surcoreana —que se volvió viral— revelaba otro. En medio de las explicaciones brindadas por el académico en TV en vivo desde el estudio de su casa, irrumpió la hija bailando, seguida por el hijo bebé en un caminador. A los pocos segundos, estos fueron sacados por una mujer asiática que la mayoría presumía la empleada pero que resultó siendo la esposa.

Más allá de lo jocoso de la escena, la confusión de Jung-a Kim (la esposa de Kelly) con una niñera ha suscitado una discusión interesante acerca de la imagen caricaturesca de las asiáticas como serviles y pasivas. Por ella y por ser una mujer “mal vestida” atendiendo a un hombre blanco de origen estadounidense, muchos comentaristas en redes confundieron su afán por sacar rápido a los hijos con miedo a su empleador y a la pérdida de su trabajo.

No se trata de un episodio aislado, sino de un fenómeno cotidiano generalizado que se observa alrededor del mundo. Por ejemplo, la asociación “natural” de las mujeres asiáticas, hispanas, negras y de otras etnicidades con funciones sociales tales como niñeras, aseadoras y meseras, es de larga data. En el caso de los matrimonios interraciales son innumerables los anécdotas en los que las personas presumen que los hijos blancos de las mujeres de color no son suyos sino de los patrones.

El hecho de que los estereotipos abarcan múltiples dimensiones identitarias, incluyendo género, raza, etnia y clase social, se ve reflejado también en actividades como el atletismo. De las deportistas afrodescendientes se presume una masculinidad y fortaleza innatas, al tiempo que se cuestiona la “falta de feminidad”, como lo ilustra la tenista Serena Williams. En reflejo de la deshumanización típica de la mujer negra, esta ha sido descrita como gorila, salvaje y hombruna, mientras que su cuerpo ha sido sexualizado en las representaciones que los medios hacen de ella.

En breve, los estereotipos negativos nos bombardean a diario y filtran de forma desapercibida nuestra lectura de las personas y la realidad. Por más casuales e inofensivos que a veces parezcan, son tanto el fundamento como el síntoma de formas arraigadas de prejuicio y discriminación. La buena noticia, si es que la hay, es que también son reversibles, de generar conciencia suficiente sobre su existencia y sus efectos.

Fuente: http://www.elespectador.com/opinion/estereotipos-y-discriminacion-columna-684490

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